“Mi idea no es perder el carisma”: Isaí Valencia, llegó de Venezuela hace cuatro años

Isaí David Valencia Colina y parte de su familia emigraron desde Venezuela hace cuatro años y en su casa aún conservan el acento. Asegura no querer perder su carisma y con él, el golpe característico de los habitantes de su tierra: El estado de Miranda. Hoy se reconoce como capaz de adaptarse al cambio, pero sin perder sus raíces. Esta es su historia.
Hace cuatro años, Isaí supo que el acento cambiaría su vida. Al lugar al que llegaría, se hablaba también español, pero al cruzar la frontera muchas de sus palabras cambiarían de significado. Isaí llegó de Santa Cruz de Figueroa, del estado de Miranda, en Venezuela, a Bucaramanga una ciudad de la que había oído hablar, pero que no conocía. Solo sabía, con entonces 8 años, disfrutar con sus amigos y estudiar. Y a pesar de no haber llegado por elección propia, la vida y las personas le sonrieron y acogieron con tal naturalidad que se quedó a vivir en “la Ciudad Bonita”.

Ya han pasado cuatro años desde que Isaí pisó por primera vez tierra santandereana. En sus ojos de niño, la llegada a Bucaramanga parecía de película, era como si la gente no entendiera el significado de sus palabras, excepto uno que otro colombiano que hubiera visitado la frontera, que por aquel entonces era tan común.
«Siempre me he sentido orgulloso de como hablo».
En el inicio de su travesía, hasta parecía que los que hablaban extraño eran los colombianos. “Si me rechazaron, no lo noté. Puede ser eso, que no lo haya notado y en algún momento sí me hayan rechazado, pero no le presté tanta atención al tema. Siento que no fue así”, cuenta este pequeño, quien hoy cursa séptimo grado en el Colegio de Santander.
Ser de Miranda implica hablar “rapidito”, hablar corrido. “Nosotros hablamos como cuando escribimos, hablamos corrido y muy rápido. De un momento a otro, ves a la persona emocionada y que empieza a hablar sin parar. Cada vez que termina una palabra escuchas un “tín”, porque sube el tono al final de cada una”, añade.

Poco a poco, Isaí conoce más palabras, pero asegura que aún continúa aprendiendo de los colombianos, sin perder su toque ‘mirandino’. Este es, precisamente, su signo diferenciador. Tras pronunciar largas y rápidas frases, cuenta que su muletilla favorita ha sido el “¡qué!”. Lo usa cuando no quiere aceptar sus travesuras, “¡qué! Yo no fui”. Sonríe…
“Por supuesto que tuve problemas para adaptarme. Tuve que aprender cómo escribir, cambiar mi letra cursiva por una letra al molde. Tuve que aprender la jerga de los demás. Para mí quienes hablaban raro eran los colombianos, era más normal escuchar a un venezolano.”, agrega.
Una mirada atrás
No ha sido fácil. “El reto es hablar igual, sin perder mi carisma, porque jamás ha sido mi idea cambiar para que los demás me acepten”. Este esfuerzo por pertenecer se ve resaltado por su talento, o al menos así lo reafirma la felicitación que reposa en el escritorio donde a diario se sienta a recibir sus clases virtuales. Se lo otorgaron sus profesores del área de Lengua Castellana por haber compartido su creación literaria en el ‘Día del Libro Santanderino’.
Su talento y disciplina en el colegio confirman que el acento no es la definición de persona. “Es un completo error pensar que las personas, por venir de un país determinado son iguales a aquellas con las que de pronto tuviste una mala experiencia. Mi consejo es conocerlas primero y esperar a que demuestren quienes son”, dice convencido de que si se retira el estigma, se abre la posibilidad de conocer todo un país al hablar con una persona.
Pero al cruzar una frontera no solo llueven cambios. Luego de dar una mirada atrás y ver lo que con su madre, padre, hermana y abuela han logrado, Isaí no termina de convencerse de que ya tiene lo que necesita. “De Venezuela extraño a las personas. Los amigos, la familia y a quienes conocí allá. Aún extraño a mi familia como desde el primer día que llegué aquí.
“Mi abuela Jazmín, mi abuelo ‘cheo’, mis primos, tíos y tías… faltan varias personas acá. Espero que algún día puedan llegar para volverlos a ver”. Sus recuerdos no son lo único que lo delatan mientras piensa en aquellos que dejó en Venezuela. Con un emotivo y marcado acento venezolano, envía a ellos un saludo y lo deja enmarcado dentro de una promesa: “Nos volveremos a ver. Lo prometo”.
» Nunca se han burlado de mi por mi acento. Cuando hago un chiste sí se ríen, eso se me da muy bien. De lo contrario no se burlan. Nunca se han burlado de mi acento».
El carisma de las personas es lo que hace que Isaí recuerde tanto a su país. “Cuando extraño y recuerdo a mi familia, el carisma y la alegría de las personas es lo que me hace olvidar que estoy sin ellos. Aquí nos han tratado muy bien. Cada vez que alguien me habla es con mucha confianza, como si nos conocieramos de hace años”.
Hoy, con un gran respeto hacia Colombia, Isaí sigue aprendiendo, según él, “para mejorar”, pues su intención no es cambiar. Tras una conversación con términos enteramente colombianos, o más bien santandereanos, se despide con un “gracias, ¡nos vemos!”. Y es que a pesar de haber afirmado al principio que ya perdió su acento, mantiene su sello personal que provoca un interés especial por viajar a Venezuela a través de una charla con él.
Isaí Valencia y sus compañeros del Colegios de Santander hacen parte del proyecto ‘Mi panita, Mi amigo’, que es posible gracias al apoyo del Programa de Alianzas para la Reconciliación de USAID y ACDI/VOCA.